Este 31 de diciembre que deseamos tanto culmine, será un libro que se cierra y abrirá su página el 1 de 2021 con la satisfacción de celebrar juntos este advenimiento, reflexionar los cambios que ya están y serán para bien, reinventar nuestra forma de vida, incluso aprender a partir de ese instantes cuánto podemos hacer como personas, qué no debemos hacer, como seres humanos.
El 2020 nos enseñó a fuerza de momentos difíciles para nuestras familias, amigos, vecinos y compañeros de trabajo, pero la resilencia – esa capacidad de superar circunstancias difíciles – nos convierte en personas fuertes, dispuestas.
Alabar el nuevo año de una manera diferente, no será a menos, más bien disfrutar en un espacio diferente, sin aglomeraciones, protegidos, con los nuestros, en sintonía con el momento y la fiesta que queremos.
Hace unos días me comentaba una amiga -en tono jocoso- que los muñecos que quemamos como tradición a las 12, esta vez, sí serán representativos, como quien quiere arrancar de una vez todo lo malo, y sí, yo también lo vea de esa manera.
Porque ese beso, el abrazo, estrecharse la mano, tendrán limitantes si queremos ser responsables. Nos abrazaremos y nos besaremos con la mirada, con los cuentos entre familia, los bailes, disfraces o intercambios de regalos y justo a las 12 cuando arrojemos cubos de agua y gritemos Feliz Año Nuevo, llegará el 2021 con esperanzas , con la confianza de que el llega, será mejor.


